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Hojas

12 de Diciembre

por Reeksss Von Doom (@ReeksssBlack)

Breves momentos.

En este momento ella está frente a mí, dando una mordida a su enorme hamburguesa.

Sonríe.

 

Recuerdo esa vez hace seis años cuando le dije que tenía una parte más dura en su seno derecho. Y a regañadientes accedió a ir al chequeo médico.

 

En este momento ella bebe de su refresco halado, toma una papa frita y la lleva a su boca.

 

  • Lo que te estoy diciendo es que ella tiene cáncer-

Esas palabras nos cimbraron. Aunque en realidad no puedo saber ni puedo imaginar lo que ella sintió cuando el oncólogo nos dijo eso. Habían sido meses de estudios, biopsias y consultas con la esperanza de que fuera solo algo pasajero. Algo que a lo mucho solo necesitara una operación ambulatoria.

Ella solamente se quedó inmóvil, respiraba lentamente. El doctor nos comenzó a dar indicaciones para una próxima intervención, papeles para firmar y próximas citas. Nosostros por inercia escuchamos y asentimos.

 

Salimos de la clínica y me abrazó y la abracé muy fuerte.

Y su mayor miedo era dejar solos a nuestros hijos. No alcanzar a vivir para poder verlos crecer.

Lloramos juntos y le prometí que estaría con ella cada minuto, todo el tiempo que fuera necesario.

 

Esta tarde ella toma un pasador, se trenza el cabello y lo sujeta. Da otra mordida a su hamburguesa y da otro trago de refresco.

 

  • Se me está cayendo el cabello- y ella tenía un mechón en la mano.

Se veía demacrada, delgada y muy pálida. Había pasado ya su segunda quimioterapia y estábamos en casa y se iba a bañar. Comenzó a llorar, tomó unas tijeras y me pidió que le cortara el cabello.

Sentí un nudo en la garganta.

 

Fueron los meses más difíciles. Ella se veía al espejo: su cicatriz estaba secando favorablemente y ya le había retirado el dreno. Veía su rostro, sus brazos delgados y sus ojos tristes. Sentía dolor y náuseas todo el tiempo. Y las citas al médico aún la hacían sentir mal. Ella que era una mujer tan risueña había dejado de reír y nuestros hijos aunque no decían nada sentían la tristeza en la casa.

 

Pasaron los meses, las quimioterapias, las radioterapias.

Lo más difícil no fue la operación, para ella el verdadero calvario fue el año que siguió. Y según los médicos, ni siquiera esto era una cura permanente porque el cáncer podía volver.

Y hay que hacer más estudios.

Y más estudios.

Y más estudios.

 

Su piel morena y lustrosa se veía opaca y sus ojos curiosos ahora se veían tristes.

 

Se reincorporó a su trabajo y poco a poco empezó a sentirse útil de nuevo.

Poco a poco recuperó la confianza y volvió a maquillarse.

 

El cabello cortito que apenas le estaba creciendo acentuaba sus facciones. 

Recibió apoyo de sus compañeros de trabajo y en casa los niños no dejaban de darle ánimos: ¡Tú puedes mamá! Cada vez que ella debía ir a consulta, a sus terapias y en los ejercicios que el médico le indicaba hacer.

 

Y las quimioterapias.

Eso le apagaba, le hacía casi rendirse.

 

Pero siguió adelante.

 

Hoy ella me dijo que tenía una noticia por darme; los últimos estudios y análisis.

 

  • El oncólogo me acaba de dar de alta- dijo ella y me abrazó muy fuerte.

  • Pero claro, aún debo cuidarme y autoexplorarme, pero la siguiente cita no es en dos meses, será ya en un año- terminó por decir.

 

Y en este momento veo a una guerrera.

Una combatiente.

 

Una sobreviviente.

amanecer

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