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Flores blancas

La Diva de las Quimios

por Mimí Marmor (@Nmarmor)

— Seis meses, probablemente. Todo depende de cada paciente. Ella es muy fuerte, pero la metástasis está muy extendida--me dijo la oncóloga.--Recomendaría comenzar urgente con la quimioterapia.

Y así hicimos. Te acompañé a base de malabarismos con mis horarios laborales a tus sesiones.

--¡Acá llega la diva!--decían las enfermeras, previamente “sobornadas” con chocolates para que me dejaran acompañarte esas horas de goteo, donde nos hablábamos la vida, transformándolas en minutos. Tenía que disimular las carcajadas que me provocabas con tus peripecias contadas en tono de solfa.

--Evite exponerse al sol, señora. La medicación le puede generar grandes manchas en la piel.

Te reías. Caías con un espectacular bronceado, un escote descarado, y los aires de una celebridad a enfrentarte con la aguja y el goteo.

--No le recomendamos hacer viajes largos durante el tratamiento, Miriam.

Recorriste la costa en verano, emborrachándote de mar y belleza. Visitaste a la Virgen de Salta en pleno invierno, regresando mística y esperanzada.

Pintaste los cuadros más locos y hermosos, subida a un tren de surrealismo, plasmando las ideas que me pedías como sugerencia para derramar tu fantasía colorida.

Remodelaste tu casa, con un estilo único, digno de una portada de revista de diseño.

Transformaste tu pedacito de patio en un vergel, un trozo de paraíso del que nadie se quería ir.

Te dispusiste a aprender idiomas. Porque sí. Porque te gustaba como sonaban otras lenguas, y compusiste poemas en italiano y relatos en portugués.

Exploraste religiones, filosofía, metafísica. Todo despertaba tu curiosidad e interés.

Nunca te quejaste. Sobrellevaste estoica y optimista el dolor y la incomodidad, con un sentido del humor que descolocaba al más serio y pacato.

Cuando se te terminó la energía increíble, fabricada a pura fuerza de voluntad, me dijiste:

--Tenía tantas cosas por hacer, todavía, tantos proyectos…

Solo piensa en todo lo que hiciste: creaste belleza, viajaste, aprendiste…


Tuve la bendición de poderme despedir, de decirte que te amaba…

Aunque el cáncer te llevó, no siento que en ningún momento llegó a vencerte. Le diste una lucha feroz, cuerpo a cuerpo, luminosa y admirable, transformando esos seis meses en seis años, donde lograste transformarte en un ejemplo de superación. Le ganaste.

Hoy, aunque te extraño horrores, te recuerdo con una sonrisa, y me das fuerzas para salir adelante en los momentos más difíciles.

Gracias por haber sido mi madre, y haberte tenido en mi vida, mi Miriam querida…

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