
Inocencia
por Adal el que cuenta (@Yocuento2)
Son tres hijos, dos niños y una niña. Los varones, de siete y nueve años. La pequeña, de cinco. Han crecido en un hogar donde el amor es una constante.
Padre y madre se han esmerado en su educación y en darles una infancia feliz. El padre trabaja duro en una constructora, como ingeniero de obras. La madre, maestra de magisterio, no trabaja desde hace más de un año, cuando le detectaron un cáncer. Ahora vive entre la casa y los hospitales. No le es fácil llevar su situación, pero se mantiene tan activa como se lo permiten sus fuerzas menguadas.
Los mejores momentos de la familia son los que pueden compartir todos juntos. No son muchos, y tratan de aprovecharlos.
Los niños son ajenos a la enfermedad de su madre. Ella y su marido han decidido no mencionarlo, para evitarles tristezas que puedan influir negativamente en su educación y desarrollo. Es una tarea difícil por los ir y venir del hospital, los malestares después de los tratamientos y las visitas frecuentes de parientes. Está también el disfrazar evidencias, como la cabeza rapada que se oculta con pelucas y sombreros.
Los niños no hacen preguntas, pero algo extraño notan. Últimamente los paseos y celebraciones son escasos. Ya no viajan fuera de la ciudad, y mamá pasa mucho tiempo en su habitación cuando está en casa. Los varones son los que lo pasan un poco mejor, jugando entre ellos. La niña se entretiene jugando con un cachorro.
Un día cualquiera, estando mamá en su habitación, la pequeña entró sin avisar al encontrar la puerta entreabierta. La madre no tuvo tiempo de cubrir su cabeza. La niña la observó, curiosa, con una mirada de asombro y tristeza. Ninguna dijo nada. La niña corrió a su cuarto. La madre quedó sola y lloró.
Al rato, volvió la niña a la habitación de su madre, y, antes que ella pudiera darle alguna explicación, extendió su bracitos y le entregó a su mamá un mechón de su largo cabello rubio. En su media lengua de chiquilla le dijo a su madre: "No estés triste mamá. Toma mi cabello, que yo tengo bastante, y lo puedo compartir contigo". Lágrimas brotaron de los ojos de la madre y, sin decir palabra, abrazó a su niña y besó su frente.
